Cómo nació la República de Armenia

Por Sergio Kniasian

Para comprender la magnitud histórica y sobrehumana del restablecimiento del Estado Armenio en 1918, hay que tener en cuenta el contexto en el que nació la República de Armenia.

1) En 1914 se declara la Primera Guerra Mundial entre los Aliados (Inglaterra, Francia, Rusia) y las Potencias Centrales (Alemania, el Imperio Austro-Húngaro, el Imperio Turco-Otomano). Uno de los frentes de la Primera Guerra Mundial (entre el Imperio Turco y el Imperio Ruso) se llevaba a cabo en territorios armenios, por lo que cada acción militar afectaba a la población local armenia, de uno u otro lado de la frontera.

2) Aprovechando el desconcierto creado por el estallido de la Primera Guerra Mundial, el gobierno turco pone en marcha el genocidio armenio, es decir el plan de exterminación total de los armenios. Cientos de miles de sobrevivientes desamparados, cruzan la frontera rusa y se refugian en la provincia de Ereván, con el consecuente hacinamiento de población y el estallido de epidemias, hambruna generalizada, etc.

3) El ejército imperial ruso, en una serie de operaciones militares exitosas, ocupa varias provincias armenias del Imperio Turco ya asolado por el genocidio y allí crea la “Gobernación Militar de la Armenia Turca”. Muchos sobrevivientes del genocidio vuelven a sus hogares y tratan de reconstruir sus vidas.

4) La sorpresiva Revolución y la Guerra Civil en Rusia y la retirada apresurada del ejército ruso, dejaron a los armenios de la zona fronteriza del Cáucaso, a merced de los turcos. Éstos ya habían exterminado a los armenios de Imperio Turco y ahora avanzaban, ya que era una oportunidad única para exterminar a los armenios de Rusia y concluir exitosamente su plan de genocidio de todos los armenios.

La Revolución Rusa

A pesar de que Rusia se volvió uno de los países más poderosos del mundo, apenas una pequeña parte de la población, la nobleza, tenía buenas condiciones de vida. Los campesinos eran terriblemente pobres y trabajaban las tierras sin ser dueños de las mismas. Las sucesivas derrotas en batallas durante la Primera Guerra Mundial y el descontento general de la población, llevaron a que la economía interna comenzara a deteriorarse. La inestabilidad y la pobreza originaron una revolución.

A principios de 1917 el movimiento revolucionario creció aceleradamente en todo el territorio del Imperio Ruso. El 27 de febrero (12 de marzo), la revolución triunfó y tres días después el zar Nicolás II abdicó, con lo cual el milenario régimen absolutista de Rusia llegó a su fin. La dirección del país la asumió el Gobierno Provisional. Nacía la República de Rusia. Por un decreto, el 3 de marzo, el Gobierno Provisional organizó un nuevo gobierno para la Transcaucasia, que durante el imperio de los zares había sido un virreinato, el llamado “Comité Especial Transcaucásico” (conocido como Ozacom), presidido por un ruso e integrado por dos georgianos, un tártaro-musulmán y un armenio. Este nuevo organismo reemplazaba al virrey y concentraba en sus manos la dirección de todos los asuntos políticos de Transcaucasia. El Ozacom dependía del Gobierno Provisional y no podía, por sí solo, dictar nuevas leyes o derogar las existentes.

En cuanto a la cuestión nacional, ningún pueblo transcaucásico planteaba el problema de la separación de Rusia. Todos ellos estaban dispuestos, más bien, a integrar un estado federativo ruso.

El Gobierno Provisional Ruso cometió dos equivocaciones que le costarían muy caro. El campesino y el obrero ruso derribaron el régimen zarista para ser due- ños de la tierra y obtener seguridad social y garantías para su subsistencia. El nuevo gobierno, en lugar de solucionar de inmediato estos problemas urgentes, los postergó para ser tratados en una Asamblea Constituyente. En segundo lugar, el pueblo estaba fatigado de la guerra y la miseria que ésta provocaba. Quería la paz y no estaba dispuesto a sacrificar otras víctimas y someterse a nuevas privaciones. El Gobierno Provisional no tuvo en cuenta las tendencias populares y decidió continuar la guerra “hasta la victoria”, sometiendo al ejército a nuevas derrotas. Los bolcheviques o comunistas, que constituían una ínfima minoría en el país, pero bien organizada, lograron encausar el descontento del pueblo y de las tropas y derribar al gobierno de Kerenski. El 25 de octubre (7 de noviembre) el gobierno de Rusia pasó a los bolcheviques, bajo la dirección de Lenin.

La política del gobierno bolchevique fue el cese inmediato de la guerra. El 7 de noviembre emitió un Decreto de Paz, proponiendo iniciar negociaciones por la paz a todos los estados beligerantes. Los Aliados se rehusaron, pero Rusia y las Potencias Centrales convinieron un armisticio. El 3 de diciembre se iniciaron negociaciones en Brest-Litovsk, y el 3 de marzo de 1918 se firmó el tratado de paz.

Al comenzar las negociaciones, Lenin estaba convencido de que tanto Alemania como Turquía no continuarían la guerra, y firmarían un tratado de paz sin anexiones territoriales con Rusia Soviética. Así el ejército ruso abandonaba los frentes de guerra, gracias al famoso: ¡A casa! -de Lenin.

Sin embargo, los alemanes recomenzaron la ofensiva y ocuparon un millón de kilómetros cuadrados de territorio ruso. Los turcos por su parte -después de la firma del tratado de Brest-Litovsk- invadieron Transcaucasia.

La política apresurada de paz adoptada por el gobierno bolchevique resultó por demás perniciosa para los armenios. Con el tratado de Brest-Litovsk, firmado el 3 de marzo de 1918, el gobierno soviético de Rusia entregaba a Turquía no solamente todos los territorios ocupados de la Armenia turca y donde se había creado la “Gobernación Militar de la Armenia Turca”, sino también las provincias de Kars y Ardahán de la Armenia rusa y la zona marí- tima de Batum, de Georgia.

No contentándose con lo obtenido, Turquía comienza la invasión del Cáucaso, frenado milagrosamente por los armenios en las Batallas de Sardarabad, Pashaparán y Gharakilisé, en mayo de 1918.

La República de Transcaucasia

Debido a la Revolución que azotó Rusia en 1917 y la consecuente Guerra Civil, en las regiones periféricas del Imperio reinó la anarquía. Ante el vacío de poder y la situación incierta que se vivía, los diputados caucásicos del Parlamento Ruso (georgianos, armenios y tártaros-musulmanes de Azerbaiyán) declararon en Tiflis la constitución de un gobierno regional provisional, conocido como Seim, hasta que se aclararan las cosas. Sin embargo la evolución de los hechos y especialmente la presión turca, los llevó a declarar la independencia plena el 22 de abril de 1918. Nacía la República Federativa Democrática de Transcaucasia.

La República de Transcaucasia no era la federación de tres estados como se cree, sino una unidad administrativa creada en la época zarista, donde a principios del siglo XX los tres pueblos mayoritarios se habían organizado de alguna forma y dominaban el escenario político. A pesar de que en un principio los tres pueblos tenían las mismas expectativas como casi todos los pueblos minoritarios del imperio, con la evolución vertiginosa de la situación, sus objetivos fueron cambiando, se diferenciaron y hasta llegaron a ser antagónicos. Estos tres pueblos carecían de una experiencia estatal en un pasado más o menos reciente, puesto que el territorio transcaucásico era en realidad un conglomerado de zonas ganadas durante el expansionismo ruso en contiendas con el Imperio Turco y el Imperio Persa en distintas épocas. Esto se evidencia por el hecho de que tras la disolución del estado trascaucásico la demarcación de límites fue un problema que no pudo resolverse satisfactoriamente, congelado el tema durante 70 años por el gobierno de la Unión Sovié- tica, persiste hasta nuestros días.

Azerbaiyán, poblado por musulmanes turco-tártaros, nunca había existido y sus fronteras, salvo algunas naturales eran imprecisas. Armenia era en realidad una pequeñísima fracción del antiquí- simo reino armenio reducido al mínimo e igualmente de límites imprecisos. Solamente Georgia pervivió como estado hasta el siglo XVIII, sin embargo a principios del siglo XX, sus límites históricos se contradecían con la realidad étnica del momento.

La federación no llegó a ser operativa por las fuertes diferencias nacionales. Los georgianos liderados por el partido Socialdemócrata tendían a la creación de un estado georgiano independiente, los musulmanes dirigidos por el partido Musavat eran de tendencia panturánica, es decir anhelaban la unión con Turquía y finalmente los armenios dirigidos por el partido Tashnaktsutiún, arrinconados en un territorio minúsculo con casi medio millón de refugiados sobrevivientes del genocidio llevado a cabo en Turquía, veían la presencia rusa imprescindible para la salvaguarda física de la nación.

Tras negociaciones secretas con Turquía y Alemania, y asegurada la alianza con esta última para evitar el avance turco, el 26 de Mayo de 1918 el Consejo Nacional Georgiano unilateralmente proclama la independencia de Georgia y declara la disolución de la República Democrática Federativa de Transcaucasia. Al día siguiente, el 27 de Mayo, el Consejo Nacional Musulmán con el total apoyo de Turquía, declara la independencia de la República de Azerbaiyán. Los armenios así aislados, quedaron abandonados a su suerte en el frente de guerra. El Consejo Nacional Armenio tras largas deliberaciones declaró la independencia de la República de Armenia el 30 de Mayo.

Formado sobre un territorio minúsculo de apenas 10.000 kilómetros cuadrados, la historia de Armenia desde 1918 se centra en la lucha épica para defender el espacio vital imprescindible para la supervivencia de lo que quedaba de la nación armenia.

Es importante recalcar que la República de Armenia se creó en territorios de la Armenia Rusa y sus límites en definitiva, fueron aproximadamente los de la actual República de Armenia.

El plan turco de invasión del Cáucaso ruso era fundamentalmente el unir Bakú con Constantinopla mediante una vía que partiera de Kars, cruzara Chulfa y desembocara en Bakú. Varios eran los motivos por los que Bakú atraía a los turcos:

a) la concreción de la primera etapa del panturanismo, es decir el proyecto de unión de todos los pueblos de origen turco hasta Mongolia impulsada por ideólogos y militaristas. Recordemos que este territorio con Bakú como centro, estaba poblado por musulmanes turco-tártaros, que luego sería Azerbaiyán.

b) La posesión de los yacimientos petrolíferos, imprescindibles en ese momento para Alemania.

c) La destrucción del baluarte más importante del Comunismo en la región, la Comuna de Bakú.

Ante el avance turco los armenios se van replegando hacia el este.

a) En un primer momento los cientos de miles de sobrevivientes del genocidio, cruzan la frontera rusa y se refugian en la provincia de Ereván.

b) Luego llegan los armenios que habían vuelto a sus hogares después que varias provincias armenias del Imperio Turco fueran ocupadas por los rusos y se creara allí la “Gobernación Militar de la Armenia Turca”, sorpresivamente devuelta a Turquía.

c) Se le suman los de Kars, Ardahán, etc, territorios rusos cedidos a Turquía por el tratado de Brest-Litovsk en marzo de 1918.

Llega un momento, a fines de mayo del 1918, que no había ya más espacio geográfico para retroceder; la población armenia, sobrecargada por medio millón de refugiados, tenía a sus espaldas Ereván y Echmiadzín y más allá, cadenas montañosas y el lago Seván.

El Consejo Nacional Armenio en un gesto de desesperación por lo que era inminente que sucediera, envía una delegación para negociar con los turcos en Batúm y a la vez nombra a Aram Manuguián como autoridad en Ereván. Las negociaciones no logran frenar el avance turco. Abandonados por los rusos y abandonados por sus vecinos, la población armenia sola se apresta a hacer frente a la invasión del ejército turco. Llega el momento de la lucha por la supervivencia, comienza la Gesta de Sardarabad.

Aram Manuguián

La inminencia del ataque turco hizo que Aram Manuguián fuera nombrado representante plenipotenciario del Consejo Nacional Armenio en la provincia de Ereván, otorgándosele la suma del poder pú- blico. Allí en Ereván, el destino le depararía un papel histórico inimaginable. En mayo de 1918 el ejército turco, aprovechando el vacío de poder creado por la revolución bolchevique, cruzó la frontera rusa para dirigirse hacia Ereván y concluir el plan de exterminio total de la nación armenia. Es en esa circunstancia donde la figura emblemática de Aram Manuguián imprimió su sello en la historia contemporánea de armenia, y tal vez no sea exagerado afirmar que la República de Armenia fue fundada por su accionar.

Su conocimiento del terreno, de las cualidades de sus combatientes, las limitaciones del medio en lo que a pertrechos y aprovisionamiento se refiere, y el manejo del poder absoluto otorgado por el Consejo Nacional Armenio, Aram transfirió al servicio del país todas sus dotes organizativas preparando la autodefensa de la Armenia Oriental. Allí quedó en evidencia todo su talento como estadista, sin el cual las batallas independistas solo hubieran sido una anécdota. Aram Pashá, como lo llamaban muchos, aseguró la provisión de pertrechos, alimentos, agua potable, transportes y comunicación.

Contra el ejército turco, con fuerzas organizadas, con instrucción militar, disciplinadas y pertrechadas, se opondría el “ejército” armenio, en realidad un conglomerado de combatientes formado por soldados armenios del desmembrado ejército ruso dirigidos por un puñado de oficiales de origen armenio también del ejército ruso desbandado, algunos regimientos irregulares integrados primordialmente por refugiados armenios de Jënús y Alashguérd que habían podido salvarse del genocidio, y finalmente voluntarios civiles que acudían al llamado de las autoridades y la iglesia. Realmente un ejército muy inferior, pero con un espíritu digno de nuestros ancestros.

El papel de la Iglesia Armenia

Ante un inminente desastre, una delegación de notables se dirigió a Echmiadzín, la Santa Sede de la Iglesia Armenia, para proponer al katolikós Kevórk V Surenián, trasladarlo a un lugar más seguro. El katolikós, como autoridad suprema de la Iglesia Armenia se negó a ser evacuado y contestó airado: “Si la nación armenia y sus soldados no pueden defender sus santuarios, moriré aquí, en la iglesia de San Gregorio El Iluminador”. Ante esta protesta, los sacerdotes, encabezados por el arzobispo Karekín Hovsepián, marcharon de inmediato al frente, donde, con su presencia y con fogosos sermones, elevaron el espíritu de los soldados armenios.

Ante la incomunicación reinante, el katolikós Kevórk V dispuso que todas las iglesias y conventos de la provincia del Ararat hicieran sonar sus campanas. Durante siete días y siete noches consecutivas –del 22 al 28 de mayo- sin interrupción, los campanarios armenios echaron a los vientos su mensaje llamando al pueblo a la lucha. Y el pueblo respondió al llamado.

La gesta de Sardarabad

Los turcos cruzaron el río Arax en tres columnas: una se dirigió hacia el sur, ocupó Armavir, las estaciones ferroviarias de Sardarabad y Arakadz, apuntando hacia Echmiadzín y Ereván, para controlar el ferrocarril que lleva a Bakú. La segunda, yendo al este llegó a Karakilisé, en dirección a Tiflis, para avanzar hacia la capital georgiana. Y la tercera se proponía ir hacia el sudeste, Tomar Pash-Abarán –localidad cercana a Ereván-, para después converger en la capital armenia y facilitar la operatividad del ferrocarril a Bakú.

Teniendo en cuenta los accidentes geográficos de la región y las dificultades de la época para las intercomunicaciones, estas columnas debían operar independientemente. Como reverso de esa situación, los jefes armenios comprendían que, dada esa falta de coordinación entre las columnas turcas, lo más conveniente era enfrentarlas aislada y separadamente para debilitar su poderío, y oponer a cada columna, el grueso de las tropas armenias.

Así lo hicieron y la victoria fue total. El enemigo se entregó a la deserción y la fuga, mientras el pánico y la confusión cundían en sus filas. Los turcos escapaban abandonando pertrechos, provisiones, heridos y muertos. Los mandos turcos trataron de poner orden en la retirada, pero todo fue inútil, por el hostigamiento a que fueron sometidos por la persecución. La retirada duró dos días.

La gesta de Sardarabad salvó la existencia física de Armenia y es el símbolo del espíritu de libertad del pueblo armenio. Turquía no pudo doblegar al pueblo asediado hasta el último rincón. Con fuerzas inferiores pero con un espíritu sin divisiones, los armenios impidieron a los turcos su avance a sus dos puntos entrañables: Echmiadzín y Ereván, y detuvieron la toma de Bakú.

La victoria de Sardarabad le dio la oportunidad a un puñado de armenios, muchos sobrevivientes de las matanzas, de establecer los límites de un país, recrear un estado sobre la base del cual pudo mantenerse la vida armenia, la cultura ancestral, el idioma propio y en fin la nacionalidad. Su importancia radica en que nada de lo que hoy conocemos como Armenia sería tal, de no haberse reinstaurado el estado entre 1918-1920, minúsculo en comparación de la Armenia histórica, pero monumental por el esfuerzo en haberlo conseguido.

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