Turquía: para un Estado genocida, un embajador negacionista

El embajador de Turquía en Argentina, Vural Altay, mandó una carta de lectores al diario La Nación, que fue publicada en la edición impresa de hoy, en respuesta a otra nota escrita por la embajadora de Armenia en Argentina, Ester Mkrtumyan, en el mismo periódico, a raíz de la presentación de la “Cátedra Abierta Región del Cáucaso y Asia Central” de la Universidad Nacional de Quilmes en el Círculo de Legisladores de la Nación Argentina, acto del cual había sido excluido Armenia, que integra el Cáucaso, y en el que diplomáticos allí presentes vertieron expresiones negacionistas sobre el Genocidio Armenio y ofensivas hacia la comunidad armenia, episodio que ya redundó en un pedido de disculpas por parte de los organizadores y propició fructíferos encuentros con la embajadora de Armenia.

El tiro por la culata

En este nuevo cruce epistolar, el embajador turco acusa a la embajadora Mkrtumyan de “distorsionar los hechos” al acusar a Turquía de “hechos que no cometió”, en referencia al Genocidio Armenio. Se ampara para semejante aseveración negacionista, en que “se requiere de una sentencia judicial para el uso de este término” (genocidio). Es paradójico que el diplomático emplee este argumento casualmente en Argentina, donde existe precisamente un fallo de la Justicia Federal en el que se dictamina que “el Estado de Turquía cometió el delito de genocidio contra el pueblo armenio entre 1915 y 1923”, en una resolución declarativa dictaminada en 2011. El embajador de Turquía ignora o menosprecia la resolución del Poder Judicial del Estado en el que representa a su país.

Conviene entonces recordarle al diplomático que en Argentina el Genocidio Armenio es reconocido también por la Ley Nacional 26.199, promulgada en 2007, que en su artículo 1º reza: “Declárese el día 24 de abril de todos los años como “Día de acción por la tolerancia y el respeto entre los pueblos”, en conmemoración del GENOCIDIO de que fue víctima el pueblo armenio y con el espíritu de que su memoria sea una lección permanente sobre los pasos del presente y las metas de nuestro futuro”.

Altay menciona además, en su afán negacionista, la Convención de las Naciones Unidas para la prevención y la sanción del delito de Genocidio de 1948. Pero nuevamente el tiro le sale por la culata, ya que su principal impulsor fue el jurista polaco Raphael Lemkin, el primero en emplear y definir el delito de genocidio, al que delimitó como “la puesta en práctica de acciones coordinadas que tienden a la destrucción de los elementos decisivos de la vida de los grupos nacionales, con la finalidad de su aniquilamiento”. Lemkin tomó como uno de los casos testigo para esta categorización las masacres de armenios por parte del imperio turco otomano. De hecho, fue este crimen de lesa humanidad el que lo conmovió al punto de trabajar jurídicamente en ello, cuando arrancó en Alemania el juicio contra el joven armenio Soghomon Tehlirian, quien ajustició a Taliat Pashá, uno de los jerarcas turcos responsables de ese crimen. Tehlirian fue absuelto, y comenzaron a salir a la luz detalles del exterminio sufrido por el pueblo armenio a manos de los turcos. Esto conmocionó profundamente a Lemkin. “Me di cuenta de que el mundo debía adoptar una ley contra ese tipo de asesinatos raciales o religiosos”, dejó escrito el jurista en su autobiografía.

Propuesta ridícula

Altay insiste nuevamente con un artilugio lanzado por el Estado turco hace ya varios años. Una “propuesta” de “abrir sus archivos oficiales” sobre los acontecimientos sucedidos en ese período y “ponerlos a disposición” para ser revisados por historiadores turcos, armenios y neutrales, para definir los hechos. Es, más que inocente, absurdo suponer que un Estado genocida y negacionista conserve archivos oficiales sobre un plan de exterminio que él mismo niega. Todas las dictaduras toman sus precauciones y la desclasificación de archivos se complica incluso para crímenes recientes. Con lo cual, tratándose de un hecho de hace más de cien años, el ofrecimiento parece más bien una burla, y desde luego ya había sido descartada por el entonces presidente de Armenia, Serge Sarkisian.

Por cierto, las abundantes pruebas del genocidio existen y son de dominio público, no es necesario revolver los cajones polvorientos de genocidas. Los diez millones de armenios existentes en la Diáspora, somos una prueba viviente de ello. Los relatos coincidentes de nuestros abuelos y abuelas sobre la barbarie que vivenciaron, el asesinato de sus familiares, los vejámenes y los horrores. Pero al margen de esta figura simbólica de una potencia inapelable, están también los documentos. Actas y cables diplomáticos, cartas, fotografías, informes y registros periodísticos de la época, exhaustivas investigaciones históricas de académicos neutrales. Nosotros estamos muy familiarizados con todo ello, pero es probable que el embajador, formado y criado bajo un Estado negacionista, los ignore o desconozca. En vez de buscar “archivos oficiales” de genocidas, le proponemos en su lugar echar un vistazo a todo el material probatorio existente. En internet hay numerosos sitios oficiales de interés. O si lo desea le podemos preparar carpetas y hacérselas llegar a su residencia diplomática.

Historia y actualidad sombrías en Turquía

Al final de su carta de lectores, Altay acusa a la embajadora de Armenia de “distorsionar” los hechos, cuando alude a la ocupación en Chipre y a la invasión turca en el norte de Siria, endilgándole un “pobre conocimiento de la historia y la actualidad”. Tanto la ocupación de Chipre como el ataque turco en Siria son ampliamente repudiados a nivel mundial y por organismos multilaterales. Pero no nos detengamos sólo en este aspecto de la actualidad. En Turquía mismo las denuncias de violaciones a los derechos humanos y a la libertad de expresión están a la orden del día, con políticos, periodistas e intelectuales disidentes turcos presos o perseguidos. También sufren hostigamiento las minorías étnicas y religiosas.

Entonces, en materia de democracia y derechos humanos, la actualidad de Turquía, al igual que su historia, no tiene mucho para ofrecer para lavar su imagen. Y en Argentina, no lo va a lograr ni estampando su sello en la camiseta de un equipo de fútbol ni ofreciendo edulcoradas telenovelas.

Como señaló el diputado armenio en el parlamento turco, Garo Paylan, en su visita a la Argentina invitado por el Centro Armenio en agosto de este año, sólo una Turquía democrática podrá reconocer el Genocidio Armenio.

Para concluir, cabe recurrir al excelente título que la embajadora Mkrtumyan utilizó en una nota publicada a raíz de la reciente resolución de la Cámara de Representantes de Estados Unidos en reconocimiento del Genocidio Armenio, “La justicia histórica tarda, pero llega”.

Centro Armenio de la República Argenitna

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